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Tras Horas de la Inauguración

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Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Maximilliam O. Whitefield el Jue Feb 09, 2012 6:44 pm

Viene de: Peligrosa Inauguración

Y tras la ligera conversación con la pareja de extraños, mi sonrisa no fue más que el sello ante una bienvenida cordial y unos nuevos conocidos, y en el momento de mí girar, mi vista no fue mas que merecedora del caprichoso cúmulo entre aquella medrosa y pusilánime voluble, contemplando de nuevo la perfección en cuerpo encarnada según mis gustos. Ella estaba aquí, y mi sorprender no fueron más que replicaciones ante el deseo de cometer cualquier imprudencia, no por esta vez…

Momento de la osadía sin escrúpulos, y tal vez mis pasos estarían equivocados al escudriñarme entre la multitud con prisa; pero sus ojos, su apariencia, no más que su beldad presencia despertó aquel súbito interés de nuevo, como el llamado de una alegoría deseada y tal vez un presuntuoso intento de abordarla de nuevo. Era el momento de volver a vislumbrar aquella mirada de fragilidad llena de insumiso repliegue, de volver a sisar tan solo una fútil sonrisa que me hiciera de nuevo estremecer ¿Qué era aquello? no mas que la vieja ansiedad de obsesión hacia su presencia, el nuevo capricho a que obedecer como tonto alegórico… y mi suspiro, era prueba de la incongruencia de mi pensamiento, y aun así, seguía dando pasos hacia su presencia, ocultándome sobre los cuerpos de galas de aquella noche y cuidando de mis intenciones repentinas. Esa noche, tendría que saber su nombre, haría que sus labios dictaran aquel deseo de sosegar mi curiosidad, y esta vez, no dejaría que se negase ante mi nuevo capricho.

Y mis pasos se detuvieron detrás de aquel pilar cubierto entre telas y decoraciones, un leve suspiro corrió por mi rostro y mi mano tiro levemente de mi corbata, motivo a la desesperación que sentía; si, incluso debía llamarlo de aquella forma que solo podría describir como al vil estereotipo utilizado, amante de aquel encuentro y recuerdo de sus labios ¿Es que acaso mi mente me traicionaba? Era como clase de romanticismo en mi cabeza, como prosas escritas a lo inenarrable decir ¿Qué me ocurría exactamente?.

Mis ojos acusaban cada rincón de la fiesta, esperando en soledad mientras mi media sonrisa era cómplice de mis deseos, tan solo… tan solo serian cuestión de segundos a algo improvisado, o más bien impulsivo como denotarlo. Y tal como mis pensamientos y sospechas, su semblante rebaso a mi lado, su vestido se movía cual ligereza denotaba sus acciones; su porte, su curiosa mirada admirando todo como simple aburrimiento para ella, la sorpresa no era su amiga aquella noche de luna llena, o por lo menos, no hasta donde yo sospecharía -Tal vez le invitaría a una pieza, pero creo que la música de fondo no lo amerita- palabras suaves, destinadas a lo que sería su nuca, logrando aquel fin de detener sus pasos que pueda que resultasen preventivos ante mi presencia. Yo la había visto, incluso había podido sentir de nuevo aquel palpitar como grito a su comparecencia ¿Qué pudiera que ella no sintiese lo mismo? Y tal vez estuviese equivocado en mis acciones, solo tal vez estuviese correspondiendo las emociones como a un joven obsesionado con alguna cosa, pues no sabia diferencia de aquella situación sin haber sentido otra cosa antes. Como inexperto en situaciones, jamás había podido consolidar lo que mi pensamiento juzgaba como conciencia de aquel vestido blanco y labial de rojo, todo como primicia a una misteriosa pasión, con tal gozo y melancolía que generaba ¿Cómo se le llamaba a eso? -Espero no importunarla esta vez…- y mis labios quedaron entre silencios, implícitos como a su nombre, mientras mi mirada, pasaba a rebasar su presencia, visualizando a las triviales personas conversando; todo, desde su hombro desnudo que se topaba levemente con mi respirar, como si se tratase de amantes en faena pendientes por no ser descubiertos, como el comienzo de la actitud intolerable de un hombre, buscando probar sus palabras que la definían sutilmente como a una Diosa.

Que solo pasara un segundo. Uno, en el cual de seguro recordaría con cierto anhelo; que su mente detallara cada arremeter de mi resoplar en su piel… y tras pasar ese simple hecho, se volteo contra mi, y sus orbes volvieron a encontrarse de cerca con los míos, esta vez, mi barbilla se alzaría contra ella, convirtiendo mi sonrisa un tanto satírica, con tal cinismo como si aquello no formara parte de una excelente coincidencia del destino.

¿Qué pasaría? ¿Qué esperar de aquel cuerpo inerte frente a mi? La sorpresa no sería mas que una excusas para describir aquel momento, tan delicada, tan pasional, tan inalcanzable como aquel día en el museo; justo como a veces la recordaba tras palabras que solo lograba arrebatarme una sonrisa, y que a veces, eran dedicadas a tales recuerdos en la oscura vista hacia el techo, recordando cada roce de mis labios, como a un cuento para dormir. Y como aquel día decrete, si quería parecer una Diosa, la trataría como tal, y aunque me sentía confundido, ya era conocedor de la ímpetu de mi cuerpo, ya no lograría sacarme de mis cabales con locura, con poca cordura, ya no le permitiría ver aquella desesperada situación que solo había generado placer en mí.

Y tras parpadear en revisión a mis alrededores, mi mirada, se poso de nuevo en ella, deje de detallar todas las personas de aquella sala y complete mi sonrisa obsérvala nuevamente -Tal vez ya ni de mi nombre pueda acordarse…- comente con sinceridad, mas con el deseo de que aquello fuese una respuesta inaudita de su parte, ¿Olvidaría tan fácilmente mis labios?... y si su respuesta concordaba, yo admitiría que no olvidaba los suyos.
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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Erya A. Hayes el Dom Feb 12, 2012 11:24 pm

Y mi corazón dio un vuelco, parando por un segundo para después, como correspondía al corazón de los inmortales, seguir con ese latido que nos pondría por siempre en la eternidad. Si... mi corazón también podía moverse y hacer lo que le viniese en gana, superando muchas reglas, preceptos y toda la determinación para hacer lo que siempre creí como justo y correcto.

Hasta que Orión reapareció en mi existencia.

Mis labios se entreabrieron y, con suavidad suficiente para no denotar un asombro lo enteramente legible para alguien, llevé mi mano a donde podría localizarse ese corazón mío, que de repente parecía querer gobernar al temple divino. Solo bastaron sus ojos, su mirada y el como podría fijarse en mi, esa mirada que lograba hacía milenios sentirme aterrada y al mismo tiempo jubilosa justo como sucede cuando se enfrenta a lo desconocido.

Y por supuesto, lo enfrente. Si en algo Afrodita tenía que ver con el amor, podría bendecirla y maldecirla, si ella no fuera una Diosa, misma que se encontraba parada frente a... al hombre que era dueño del cuerpo y alma del que yo ame con seguridad habría ido hacia el.
Las cosas pasan, se accionan. Lo vi a lo largo de la eternidad, el momento justo en que todo cambia en la vida de los mortales. Pues bien... un segundo encuentro no necesariamente era una coincidencia. En el universo, por lo que sabía, poco o nada se dejaba al azar.

Yo tampoco debía hacerlo.

En medio de Dioses... codeándose con ellos siendo altamente identificable, no podría ir a por el... no de momento, pero la eternidad da más que tiempo suficiente para ser paciente. necesitaba serlo.

Me tomé solo medio minuto, observando sus orbes para después cambiar de posición, ver su expresión de nueva cuenta y reconsiderar el orden de mis deseos en cuanto a importancia, al menos tres veces, y en cada una encontré diferentes razones por las cuales, lo mejor sería apartarme, lo reconocerían a el, o a mi atención en el y, en el pero de los casos.. Apolo lo vería.

Apolo. Solo el recuerdo de el y que llegaría en cualquier momento a la velada me hizo simplemente tomar una dirección, levantando el mentón y sonriendo para los convidados. Alejarme de Maximilliam era lo más prudente, solo por el.

Y también para mi.

S seguridad física siempre sería una necesidad, pero que pasaría con la mía?.. la relación con mi gemelo, mi sangre, no volvió a ser la misma... anunciar una guerra por amor, cuando no sabía si aún el objeto de mi amor se encontraba ahí o era mentalmente un recuerdo era arriesgado, por decir lo menos.

El tiempo era sabio, sin embargo y Cronos había hecho bien su trabajo al respecto, junto con otros titanes... preferí pretender estar embelesada entonces, apreciando las obras, paseando por los pasillos, y entendiendo que la noche sería aún más arriesgada. Titanes y, por supuesto, la hija menor de Apolo, una semidiosa. Si ella peligraba en una reunión como esa y tal vez, debido a tanto su linaje como lo que ella era, debería protegerla de ser necesario, me preocupaba un cuerpo totalmente humano.. un alma que, en su otra vida era, al menos para mi, divina.

Que estuviese lejos de mi.. debería asegurarme de ello, pero, como hacerlo cuando el lugar era ínfimo y, no menos importante.. Deseaba tocarle.

Nuevamente, debería ser una broma. Cada obra era un recuerdo de un pequeño momento del museo. Conocía ya para entonces, todos sus gestos, la manera en que fruncía ligeramente el seño cuando se preocupaba, o el fuego y determinación al intentar conseguir algo, incluso un beso robado... lo cual como siempre, me llevo a pensar en esos sus labios, su calidez y su fuerza aun siendo el un humano.

Si, debería detestarle y debería ser más congruente con lo que era y representaba; una diosa, y no una cualquiera, si no la que jamás permite algo sin su consentimiento y que ya alguien salió impune de un robo de caricias labiales. Tal vez, lo que lo hacía peor, es que había respondido a ese contacto, con el fuego corriendo, con el peligro invadiendo. y con su aliento...

Su aliento sobre mi piel, lo mismo que una frase.

No lo había percibido. Tampoco sabía como fue eso posible. Pero ahí estaba hablando y dándome alguna escusa inteligente del porque no bailar. me detuve por su puesto, bajando un poco la mirada para después disimular y observar a los invitados, siempre cuidando no ser descubierta. No, no era un crimen, pero si sabía algo de los mortales era esto... nada era más peligroso que un escándalo o más precioso que un secreto. Solo me interesaba el secreto.

Desee poder tocar esa mano que antes me había estrechado cuando enuncio las segunda oración. mis labios se entre abrieron, para tomar aire, agitando solamente una vez mi pecho debido a la profundidad de mi respiración y, nuevamente, al sentir el momento de debilidad, el corazón regio a mi ser, girando para verle, ver esos ojos azules, tranquilos y determinados.. una tranquilidad aparente, una tormenta segura. misma que hizo presencia en el momento. sonrisa sarcástica, orgullo en el recomponer de su postura.. por supuesto, se regocijaba de lograr detener mis pasos con tan solo sus palabras y aliento...

Si el supiera el porque lo hacía.. si el supiera que un suspiro, un beso robado o una cercanía así jamás me habría conquistado y que lo había hecho antes por métodos diferentes.. Si el supiera que esta que veía frente a el, no era más que una Diosa con un anhelo milenario que al final, se había materializado y que no podía hacer más que responder de la forma en que podía lograr controlar su corazón...

Nada estaba dado en el azar... que pieza significaba el?.. no podría ser un regalo de Zeus.

-no lo haga entonces...- respondí con sutileza en el tono de voz, pero siempre firme y claramente, levantando mi mentón -tendría un doble riesgo, no solamente se aburriría al tener una pieza mediocre a sus sentidos, si no además, bailar algo mediocre con alguien que es un extraño, dejando por supuesto el hecho de que el extraño lo desease- si su sonrisa será ladeada mi compostura dejaba en claro que podría hacer lo que deseara, de solo pensarlo y que de quererlo no habría respondido saludo alguno.

Su nombre. Eso fue lo siguiente a puntualizar, solo cuando el decidía ser el cazador de la Diosa de la caza. casi irónico que lo hubiese logrado. cerré los ojos y me concentré en quien se encontraba cercano. Selene... un titán y eso bastaba para alejarme de Orión.

-una presentación interesante, Maximilliam... dudo que alguien olvide o que significa un primer encuentro de esa magnitud....- se acercaba...otro titán se acercaba, pero, la mirada de Selene ya se había posado en los dos.. la cercanía entre nosotros era más que evidente. Tenía que hacer algo.

Ladee mi cabeza y observé con claridad su copa siendo sujetada con firmeza. sonreí por el hecho... tenso,, así estaba -romperás esa copa, Maximilliam... es mi compañía acaso la que incomoda?- entonces mi mirada se fijó en esos labios... primeros en besarme antes, primeros en robarme apenas unos días atrás -entiendo, este no es el día, ni el año o milenio para estar cercana a ti.. a usted, profesor Whitefield.. Buena noche- y entonces, sin más abandoné su cercanía.

No había que olvidar quien era yo, que se me había robado ya un beso y que solo el amor al recuerdo lo mantenía vida, solo por eso y también, solo por eso, prefería ser yo la que huyese de su cercanía y de los ojos indiscretos.

No sería fácil, sin embargo... porque cada vez que, mi mirada busco su presencia, la encontró, viéndome.

off: lo hice largo, no espero algo igual, Orión, este fue mi error.

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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Maximilliam O. Whitefield el Jue Feb 16, 2012 6:22 pm

¿Cómo describir cada segundo en frente de ella? ¿Cómo anteponer mis palabras como un simple juego, aunque pareciese lo contrario? Tal vez aquella era la forma en la que debía verse, no como un afán, si no como sumitas palabras sin importancia alguna, como cualquier excusa cuidándome poco de los sentimientos que en realidad me atacaban, todo con sutil gravedad e importancia alguna. Y si, mi sonrisa se había enmarcado como ligera burla, como tonto licencioso ante su grácil giro, todo antes de su último respiro poco tenso que al igual que yo, de seguro trataba de ocultar… Tal vez aquello sonase presuntuoso, petulante y fatuo, pero aquello no era más que el simple reflejo de mi orgullo puro. Si ella supiera… si de verdad se enterase que me había derrumbado desde el primer momento en que su mirada se cruzo con la mía, como si algo me obligase a voltear hacia ella, a no dejarla escapar, algo que me llamaba con deseable anhelo que no lograba ignorar… todo como necia metaforia de amor a simple vista, como inaudito crédulo ante acciones de reniego que su delicada voz me haría pagar… ¿Y ella? solo defendiéndose de mis acusaciones sin sentido, mientras mis ojos rodeaban todo el lugar, no sin antes prestar enorme atención, de deslizar mi mirada de nuevo por sus labios rojizos y recorrer finamente su rostro hasta sus ojos ¿Tendría que hacer caso a sus palabras?

Su ligero respirar, suave ironía acompañada de un parpadeo que lograría enfocar mi presencia, como desconcierto a algo que sentía entender más no lograba dominar. Tenía que admitir, y aunque solo fue un primer encuentro, sentía conocer cada pensamiento que abatía su mente, acciones descritas como papel y lápiz… ¿Por qué me atraía tanto? -Interesante rencuentro diría yo. Siento salirme del típico estándar de saludo…- entonces mi mano apretaría fuertemente aquella pieza de vidrio, con sonrisa juguetona que nuevamente emergía, todo con precisión incalculable, como algo automático; tal vez con el hecho de que su tono jugara con sus palabras, más bien como un reto a cumplir, como alguien que se indignaría a perder uno -Se equivoca, su compañía siempre es bien deseada y espero que así sea siempre…- comente sinceramente, viendo como mis palabras causaban cierto revuelo, confusión en sus pupilas que hicieron fruncir mi ceño levemente.

Y tras sus palabras, segundos de silencio siendo violentados por las voces de allegados, no seria como la primera vez, diligentes miradas se posarían ante cualquier descuido. Sabia que no seria tarde para que su voz tardase en prorrumpir su deseo, acusándome de algo que tal vez fuese verdadero poco absurdo, dando vuelta en sus talones como un designio llevado acabo, entregada a su pensamiento, dejándome con tal facilidad como aquel encuentro importuno.

Mi voz no fue capaz de contestarle, ni siquiera de detenerle, apenas mi brazo se ladeo para rebasar aquella copa con mis labios, tan solo degustando el champagne de aquella noche lentamente mientras la veía partir. No seria yo quien la detuviese, si su compañía me incomodase, no sería mas que ella la que sucumbiría de tal forma. ¿Qué seria esta vez? ¿El descortés, presuntuoso e increyente que se acercaba a ella de nuevo con cierta osadía? No seria más que un simple caradura a olvidar el final del último encuentro, no seria el tonto inmaduro que solo la saludase por interés, aunque así lo hiciera parecer…

Un ligero bufido, observando con gran detalle los alrededores, ignorando las ganas de buscarla nuevamente, de perder el control como símil idiota. Alce mi rostro mientras acababa por completo aquel espumoso de un trago, mientras mi cabeza no dejaba de dar vueltas sobre el asunto. Deseaba solo tener una explicación, un atañe de su persona, una palabra para tildarla por completo, tratar de -Comprenderle…- si, comprenderle…

Tras mi susurro, camine en dirección opuesta a ella, con mas serenidad, entregando la copa vacía al mesonero que paso a mi frente, incluso declarando aquella sonrisa despreocupada, como saludando a los demás. Atravesé el medio de un salón, cruzando aquellas puertas de cristal, un pequeño balcón que resultaba cubierto entre cortinas. El viento se alzaba bruscamente, un perfecto panorama de la ciudad en solitario. Tire un poco mi corbata y pose mis brazos en las barandas mientras vislumbraba el horizonte, incluso pude sentirme negar levemente, simples palabras que desencadenarían todo un rollo en mi mente.

Tal vez… y solo tal vez le estuviera dando mucha importancia… pero cada vez que la recordaba, podía sentir aquellos cálidos labios de nuevo, como advertencia a algo que no fue un sueño; sublime soñador merecía llamarme, pero incluso yo, debía tenerme propio respeto ante la ferviente inquietud… era solo… solo una mujer.
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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Erya A. Hayes el Jue Feb 16, 2012 7:24 pm

"en el otro extremo de la línea estas tu.... mi tormento"....

frases que simplemente se formaban en mi mente, igual que hace siglos, me sentía inquieta por la presencia de ese hombre, ese mortal. No podía evitar evocar el pasado, reconocer el pasado, nuestras posiciones opuestas, pero ambos buscando lo mismo.. con deseo, un deseo que se posaba en estar junto a esa otra personas, dos personas deseando la cercanía, los labios, la felicidad que daba el estar y el ser a un solo momento.

Pero cuanto de Orión quedaría en el? simplemente se había ido. No sabía cual era la clase de hombres que eran capaces de robar un beso, para enseguida dejar ir a la menor provocación. Mi amor... el objeto de mi amor no habría hecho eso. Por eso para mi era diferente. Siempre tenía esperanzas, siempre lucharía para lograr de sus sueños una realidad. El, sin embargo.. se había dado por vencido y eso era lo que con exactitud le había pedido, aún así... me sentía decepcionada.

Tal vez por ello fue que vigilaba sus pasos, y acompasaba mis respiraciones con miradas furtivas a donde se encontraría. Sonreí con luna.. intentar acercarme a la hija de Apolo que se encontraba presente. Saber de su inocencia y sentirme, tal vez, orgullosa de ella, haciendo anotaciones claras de que si a alguien debería de proteger, sería a esa niña.

El destino existiría para los Dioses? las profecías apuntaban a que si, pero hasta el momento había hecho de mi eternidad algo digno de admirarse... aunque tenía un gran salto, una penuria y tragedia, al no estar con aquel campeón. milenios fueron testigo de mi arrepentimiento... y ahora ese hombre, volvía a respirar y andar por sobre la tierra, con una nueva oportunidad.

Pero, que pasaba con mi oportunidad? le dejaría ir tan fácil?.... que tanto de la artemisa que el conoció quedaba en mi?... habían pasado milenios y ni siquiera los Dioses somos inamovibles...

cosa curiosa que entre tal fastuosidad, con seres realmente cruciales, con una tensión expresa al encontrarnos en medio de titanes y el peligro que representasen estos para los mortales, para los dioses y para si mismos yo, pensara solo en Orion.. en Maximilliam y en el como ya no deseaba dejar pasar el tiempo, como lo había hecho aquella vez.

Y si Apolo se encontraba en la fiesta, su hija sería el aliciente y entretenimiento perfecto para distraer su atención, y si alguien buscaba mi mirar, se lo daba para después con toda superioridad dejar en claro sin necesidad que palabras que sería mejor que se guardasen el aliento. No era precisamente la Diosa de la bondad de cualquier forma.

Una vez entendí el amor y solo esa vez logré entenderlo, al sentirlo... sin medida pero si con necesidades imperiosas. mismas que me hicieron llegar a el, atravesando esas puertas transparentes y esas vaporosas telas que volvían el lugar privado.

El, parecía estar meditabundo, con la seriedad en el rostro, o al menos lo que pude ver de el al hacerme de igual manera al balcón, sin enunciar una sola palabra... pero finalmente, el silencio no era algo que pudiese imperar esa noche. si el me acusaba de estar ahí por tener su cercanía, estaría en lo correcto, más no por ello lo admitiría. aún así.. habla -pensé que disfrutaba del arte- mencione con un tono de confidencialidad, al tiempo de cambiar de posición, balanceándome con elegancia sobre mis tacones -y no es arte lo que hay afuera de este museo, solo autos y personas que van de un lado a otro con eterno estrés y prisas... esta ciudad no esta diseñada para el arte... debería regresar a la exhibición. y el... el no me respondió. suficiente... el ya había renunciado. solo basto eso para que una sonrisa torcida e inquietante se formase en los labios míos.

-ese beso, era un beso para marcar un final.. ahora lo se... Rodín era un hombre muy perceptivo. buena vida, Sr. Whitefield- enuncie con exquisito ritmo y pronunciación antes de darme media vuelta a las salas, escondiéndome de el viento y el frescor que se percibía en ese balcón. Ese... ese a no era Orión, estaba claro.
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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Maximilliam O. Whitefield el Jue Mar 01, 2012 9:12 pm

El viento ondeaba con fuerza y tal y como era llamada, la ciudad nunca dormía. El ruido de los autos en la lejanía, apenas el inquietante sonido de las personas merodear entre las calles, el taconeo de las mujeres desplazándose y las ligeras risas que no se podían observar, pero que estaban ahí, presentes. Eso hacia falta… tranquilidad, no más que vasto sosiego, dejar de lado a los impulsos repentinos e indefinibles. Y en ese momento, pude darme cuenta de todo lo que había sucedido, de pararme a mi lado y observar tales situaciones sin sentido alguno, buscando por una explicación algo lógica a la que no pudiese llamarse amor a simple vista; si, tonto, y aunque lo negara mil veces, el solo interno desmentiría mis razones… ella simplemente era encantadora, alguien seductora mas por simple sencillez e inocencia, como rebelde ante una común ideología, indefectible razón como tonto designio, como… como si ella no fuese de este mundo ¿Quién eres? Como el decir fuerte de mi cabeza, confundido entre palabras para definirla a ella o más bien, definirme a mi mismo.

En medio de tanta confusión, sus pasos ligeros y sus suaves movimientos la delataron. Si, ella, mi cuerpo no podía equivocarse ante su presencia tras mis espaldas, tal vez con deseos de pura indulgencia o tal vez traicionada por sus sentimientos… lastima era lo último que necesitaba ante su ímpetu, dejando segundos correr tal vez por el hecho de pensar que mis labios dictarían algún comentario, yo simplemente no tenia palabras con que abordarla, con que expresar aquella tonta fascinación, por aclarar mis últimos gestos ¿Que pasaba por su mente? -Arte…- apenas resople, en silencio como ignorando un tipo de juego tras una idea incompleta. Su tono ligero nuevamente, pureza al recitar cada palabra mientras que mis labios, apenas se movían, ni siquiera fue merecedora de mi mirada ¿Para que seguir intentándolo? Era algo de locos, un simple capricho alegórico que no podría sacar de mi cabeza.

Sus labios, denotando aquel recuerdo de tan extraña despedida, ese fue su final… o no… no si yo lo deseaba así -El arte… el arte esta en todas partes- conteste, sin apenas voltearme, posando mis ojos en el cielo, sabiendo que sus pasos ya iban dirigidos a la salida y sabiendo también que, aún esperaba algo de mi si pausaba su sutil caminar -Hoy el arte no esta en las personas, tampoco lo esta en las calles de la ciudad- musite suave, volteándome hacia ella, viendo como al mismo tiempo ella lo hacia con elegancia, con tal soltura y frágil suavidad -Es el cielo lo que me cautiva esta noche- y nuevamente, aquella sonrisa emergía de forma automática, como complaciente ante su presencia, esperando ver sus respuestas, como a un inexplicable deseo interno -La luna se muestra grandiosa…- deslice mis manos por el filo de mi pantalón, alzando mi mirada, esperando que ella hiciera lo mismo -y a pesar de ello, no resulta la protagonista para mi. Es al otro extremo, Orión brilla mas esta noche- y pause un segundo, tragando saliva y sintiendo ese extraño palpitar de nuevo -Tal vez intente cazar a la luna, o mas bien protegerse por su inmensidad- y en ese segundo, mi mirada bajo y se poso en ella, viendo como observaba perdidamente, mi media sonrisa fue la respuesta ante su deseable interés, mis pies, se deslizaron hacia su presencia de forma imperceptible, casi rápida o hasta letal para un descuidado, ahora seria yo quien hablara, que fuese tras ella una vez mas como aquella constelación que recitaba mi segundo nombre, como a un juego de caza.

Su cuerpo, de nuevo tan cerca el mio, su mirada quedo exhaustiva, mas bien sorprendida, al notar que me encontraba cerca de ella, como no habiendo podido calcular -Ese beso, ese beso tal vez es un comienzo de algo al que no se puede parar. Rodin era perceptivo pero a la vez exaltante, tal vez ese fue el secreto de sus obras aunque ahora no me interesa mucho saberlo- entone, teniendo sus pilas clavadas en las mías, por tan solo un segundo mostrándose indefensa, como a una presa entre nervios. Hilaridad en mis labios de forma silenciosa, tal vez un poco de cinismo pero que solo hacia juego con el momento -¿Por qué? ¿Por qué su insistencia? ¿Por qué no simplemente haberlo dejado como hace un minuto?- mis palabras la acusaban con suavidad, aclamando una respuesta por sus incomprensible acciones. Estaría equivocada si pensaba dejarme nuevamente en aquel lugar, no permitiría que se alejase de mi, ni siquiera si daba pasos hacia atrás, yo le acorralaría.
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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Erya A. Hayes el Vie Mar 02, 2012 8:33 pm

Pero detuve mis pasos, mi huida ente sus palabras. El porqué era sencillo... quería comprobarlo quería ser de nueva cuenta aquella que le amaba por primera vez, por última vez, sin medir consecuencias, sin saber si era mucho o era poco, solo amar a como el corazón pudiera darme.... y eso era un error, también una mentira a mi misma, queriendo encontrar en sus ojos, en sus palabras ese alguien y lo encontré.

Girar para verle con suavidad, al menos escuchando sus palabras y viéndolo a el, para poder decidir si estas eran reales o no... encontré sus ojos, su voz que simplemente resultaba meditabunda y esa ligera sonrisa, ofrendada por condescendencia o educación tal vez. Si mi corazón podría haber soportado esa sonrisa ese mirar sin desfallecer y pensar en el pasado, el hablar sobre el cielo, sobre la luna era algo natural, estaba claro que era el escenario ideal para entablar ese tipo de conversaciones. Para lo que no estaba preparada era que su fijación fuese justamente a Orión.

El aire se me fue por momentos y debía admitirlo inevitablemente sentí el fuerte golpe de las lágrimas en mis ojos, forzándome a liberarlas y con ello traicionarme, pero al menos haciéndole honores a un amor que dolía y que seguía latiendo, el amor que el no reconocería dado que este era otro milenio, otro cielo y definitivamente otra vida, una que debía proteger alejándome de el, pero siendo perfectamente incapaz de desearlo de corazón.

Mi respiración incrementó su profundidad, haciendo que mi pecho lo manifestase al subir y bajar.. ahí estaba el héroe, el campeón que fue injustamente asesinado por quien le amaba y el lo notaba, se sentía atraído por si mismo. DEcirle lo siento, no bastaba, mencionarle cuanto artemisa imploro a Zeus e incluso a Hades que le regresaran a su único amor estaría fuera de contexto, mencionarle lo horrible que fue la eternidad con ese cargo, tal vez en pago de todas aquellas acciones crueles que había hecho en el pasado y aún así, jamás exteriorizarlo no podría ser.
a cambio, suspiré un par de ocasiones, y cara uno de esos suspiros, así como habían sido todos los suspiros cada que veía las estrellas desde su partida era un "te amo, Orión". El amor de los inmortales era diferente. cada Dios tenía su propia definición, lujuria pasión, ternura... algunos amando a todos, otros tantos amando a nadie, para mi era algo casi desconocido, no era de extrañar que, cuando lo conocí siempre amara a ese objeto de mis afectos.

Mi llanto no salió a flote, pero si mis miradas a esos ojos, reconociendo los de Orión y sus pobres dudas, motivos y pasiones totalmente entremezclados. Con delicadeza llevé una de mis manos a mi cabello, tratando de tener un mejor manejo de la situación. Solo para enterarme que su cercanía, nuevamente era lo que necesitaba, el frescor de la noche se mitigaba en esa cercanía.. necesitaba de el, necesitaba de su perdón, pero también necesitaba saber y entender que ra una Diosa, la misma que fue letal para el. -Orión brilla, porque debe brillar así, tiene todos los meritos para ser la mejor de las constelaciones... no debería temerle a la luna, no se compara en grandeza.. además estoy segura que la luna le ama, Orión es el mejor compañero de eternidad para estar con el... - y callé antes de mencionar algo más, como por ejemplo que bien podría compartir mi inmortalidad con el, que eso hubiese sido lo que más deseara, que de ser posible....

mis pensamientos cambiaron de rumbo al sentirme azorada, intimidada y de repente ser la presa de su casería, de sus insinuaciones y poco más adelante, sus preguntas, directas y que me hicieron bajar a mirada, ligeramente avergonzada. Seguir yo a un mortal, una Diosa empecinada en preferir a un mortal que fácilmente se dio cuenta de su juego. Mi corazón se volvía un delator y mis mejillas, ligeramente sonrojadas pese a la perfección aparente. En ocasiones levantaba la mirada para observar como sonreí y enfadándome por el hecho. Petulante, eso era lo que era, un hombre orgulloso al encontrar a una mujer frágil. No volví a bajar la mirada, si quería respuestas, Maximilliam las obtendría.

-Porque quería comprobar algo...- respondí de manera queda, mientras que la piel de su mano comenzaba a rozar con la mía. nuestra cercanía se hacía mayor, lo mismo que su espera, misma que finalicé cuanto antes. Humedecí mis labios, levanté el mentón y le vi a los ojos, pudiera se más alto que yo, pero si lo quería, podría pararlo.. la cuestión era, que no estaba realmente segura de desear que esto parase, más si de dejar en claro un punto -algo me fue robado una ocasión, Maximilliam, no es eso lo que juzgo, ni siquiera puede ser catalogado como...- hice una pausa, y sonreí justo como el lo hacía -como un beso... me busca, y poco después lo deja. No hay coherencia entre lo que dice, lo que piensa y lo que hace. Ve las estrellas, imagina historia sobre los cielos y la eternidad, pero el interés que posa en la vida es tan efímero como un suspiro... y es por eso que, si no lo dejé antes, tal vez sea este el momento adecuado para hacerlo.- y entonces me alejé de el solo unos pasos, dejando que el frio y el aire mecieran mis cabellos, pero jamás evitando su mirada.

-es orgullo lo que veo?- pregunté ante esa expresión. No sabía que era lo que pasaba por su mente, pero... esa manera de verme podría descolocarme y, si no le amase, al menos a quien fue en el pasado, probablemente habría enfrentado alguna represaría de mi parte. le dediqué entonces una media sonrisa, solo para después tomar un rictus más serio -Solo Rodín puede saber lo que significa ese beso, y el espectador le da la intención que desee. Si.. la primera impresión era la acertada, al menos de parte suya... ese beso era un beso ensombrecido con traición... nadie merece eso dos veces- y esta vez no esperaría respuesta. y aquel balcón, amplio y con solo dos personas quedaría ahí como testigo mudo de lo que ya no podría ser.

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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Maximilliam O. Whitefield el Sáb Mar 03, 2012 6:10 pm

Si sus acciones no la denotaban como la Diosa que era, tal vez su cuerpo se hubiese equivocado en hacerlo. Un pequeño exalto de su parte, no más que una simple sonrisa de mis labios, tranquila, apaciguada, dejando solo correr la pequeña nostalgia que empezaba a sentir. Si, la quería, la deseaba de tal manera que podría matar por ella, representaba una extraña encarnación de… amor, un amor vehemente apasionado, misterioso y singular. Debía, debía estar equivocado de ello, de negar tal acción de incoherencia, de parar mis sentimientos repentinos hacia su presencia que acusaba con semblante. Tenerla ahí, a mi frente, de tocarle tan solo una vez mas, de hacerme el sordo a sus respuestas sin importar tan siquiera lo que decía, de borrar aquellas preguntas con que había insistido, de nuevo sentir la necesidad de tocar sus labios, de estar junto a ella como si el destino estuviese hecho para nosotros… Pero no, tal vez mis ojos mostraran cierta confusión, se dilataran ante ella como absorto ante sus acciones. Quería explicaciones… quería, quería saber que sucedía, salir de tan humillante confusión, pero al cambio, solo obtenía su mirada que no podía apartarse de la mía, tanto, como si el mundo se derrumbase a nuestros alrededores y no nos diéramos cuenta de ello.

Y hacer caso de mis pensamientos, al ver el momento de que una lagrima corría por su mejilla. Mis ojos, no dejaban de expresar nerviosismo repasando una y otra vez su semblante con extraña curiosidad, con tanto anhelo. Yo, ¿Yo le había dañado? Sentirme culpable no era la respuesta, ni tampoco cometer el error de abrazarle y no tener apenas juicio para hacerlo; solo decidió acomodar su cabello e ignorar la situación como alguna prohibición ante mi presencia mientras sus labios dictaban excusas, solo simples excusas, injurias acciones que solo mantenían mi boca callada, escuchando sus recitos. Su rostro tomo un perfil bajo, terminando con nuestra mirada y haciendo el momento de distraerme, de suspirar por aquellas palabras. Tal vez su insistencia no estaba del todo clara, sus palabras al querer comprobar algo no me convencían de su estado, ni siquiera de su franqueza, podría decir todo y aun así no me convencería.

Sus siguientes palabras fueron casi como un sermón, su rostro recobro altitud firme ante mi como si nada pasara y pese a sentirse temerosa por algunos segundos, su actitud se volvió de piedra, no sin ante confesar lo que verdaderamente sentía, alejándose en un paso desmesurado de mi, y antes de coordinar cualquier acción, su impetuosa voz me ataco como puñal, tal vez en su intento de defensa, llamándome orgulloso e internamente clasificándome como presuntuoso e incesante para luego ser Rodín su arma nuevamente, nuestro juego primerizo -¿Nadie lo merece dos veces? ¿Ese es acaso su interpretación personal de la obra?- arremetí, sin contención alguna, borrando aquellas sonrisa despreocupada, frunciendo mi ceño mientras mi barbilla se alzaba aun mas ante ella -Orgullo es lo que ves, y lo que siempre veras…- ¿Y gritarle que también lo había quebrantado? ¿Otorgarle una victoria sin sentido alguno? La quería, extrañamente lo hacia, pero no para cometer tal suicidio.

Mi mirada no dejaba de hacerle frente, incluso sintiendo aquel fuerte viento chocar con nuestros rostros y soliviantar nuestros cuerpos -No imaginaba que un ¿Por qué? Originara tal desorden- apenas pronuncie, dando un nuevo paso adelante, acusándola, tirándole de su brazo como a una obligación, plasmando de nuevo su presencia frente a la mía con la intención de hacer de sus palabras añicos a mi voluntad -Orión siempre brillara, será el compañero de alguna eternidad pero nunca se sentirá solo- acote para levanta mi diestra suavemente, rebasar el pulgar sobre su mejilla mientras mis ojos se perdían nuevamente en sus pupilas -Es así, y siempre será así- mi tono suave, como si pudiera dar de cierto aquellas palabras, como si la seguridad reposara en mi interior.

Segundos pasaron, no pararía de hablar, de recortar sus expresión si fuese necesario -¿Es así como me clasifica? Un descoordinado mental, un incoherente incrédulo, un farsante de estrellas y pensamientos, pero a la vez, un bohemista efímero de relaciones- tome pausa, tan solo para cerrar mis ojos por un segundo y abrirlos totalmente perdidos en la nada, levemente analizando y luego recurriendo nuevamente a sus ojos. ¿Cómo declararle que en parte no estaba equivocada? Pero, ¿Cómo decir al mismo tiempo que solo ella lograba ese efecto en mi? -Y si, tal vez sea este el mejor momento para decidir si dejarme; y si así fuera, solo… alejase lentamente, y olvide todo, pero no por ello pretenda que yo lo haga…- confesé y antes los segundos que pasaron, sus labios tomaron revuelo para dictar su decisión pero no sin antes ser silenciado por mis dedos, tomado la osadía de tocar nuevamente sus labios suavemente, mientras mi tono arremetía en el silencioso balcón -Sea cual sea su respuesta, solo dígame su nombre. Tan solo una palabra y quedara libre de toda locura que pueda cometer… es mi promesa, y de no ser así, Orión no seria mi nombre, no brillaría con tal sinceridad- y así terminaría todo, no mas rodeos, no mas escusas, no mas compadecimiento hacia mi, cruzaba la línea de la cordura y las creencias, pasaba de ser una simple obsesión a un nuevo objetivo, se convertiría en necesidad y por ende le reprocharía, le reclamaría de forma no convencional, solo por pura dictadura de sentimiento.

¿Es así que como me quieres ver?
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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Erya A. Hayes el Sáb Mar 03, 2012 9:39 pm

Siempre había sido orgullosa, probablemente de entre las diosas olímpicas destacaría por tal característica.

Jamás toleré desplantes y, si en algo me sentía ofendida, no tenía problema alguno no en hacerlo notar, si no en cobrarlo. Las formas siempre fueron claras, no había dobles juegos si no la más directa de las confrontaciones, aún cuando no existieran demasiadas palabras de por medio.

Maximilliam... Orion también lo era, desde el principio lo fue y -por alguna razón- su orgullo no me lastimaba, simplemente resultaba interesante como un mortal podría exhibir tal nivel de orgullo y valentía, sintiéndose un igual frente a los dioses. Orgulloso si, soberbio jamás... esas fueron algunas de las muchas causas que me hicieron compartir momentos con el y que con el tiempo lograron lo que los Dioses no habían podido hacer.

"orgullo es lo que vez y lo que siempre veras" incorrecto, lo vería en el, pero no lo vería siempre, porque después de todo, por más que su alma fuese inmortal su cuerpo no tenía esa misma cualidad. Mi mirada se desvió de sus ojos entonces. Su orgullo era en alguna medida, similar al mío. Y también era un error. Yo lo sabia.. por orgullo una Diosa no se permitió amar sin medida a un mortal, se le fue el tiempo de las manos, se le escaparon tantos momentos que pudo tener de felicidad, ella se sabía eterna, pero no tomo en cuenta que el no lo era y pagó las consecuencias. el orgullo le arrebató esa felicidad que pudo haber gozado, un mayor tiempo al que tuvo y fue el orgullo quien hizo de esa diosa una presa, después de la muerte de su amor porque el orgullo que debía de exhibir la diosa de la caza, no podría desmerecer.

No... el orgullo en ese hombre no debería prevalecer así.

El lo habría adivinado? su semblante con un rictus serio y sus palabras que antes habían denotado enérgicamente su inflexible posición, habían cambiado de un momento a otro. Nuevamente intento hacer de mi una presa, pero como estaban las cosas bien podría parecer más eso que una cazadora. No puse objeción a su agarre, porque simplemente ese era el agarre que quería experimentar, el que me hizo tanta falta, Si.. este era mi Orión, capaz de ser todo y ser nada, con miles de matices, pero siempre seguro de sus pasos.. y el lo recordaba, no había manera de que pudiese alguien manejar más seguridad que la que se tiene por cierta en cada poro.

Y que podía decir de su tacto sobre mi piel?... dejaba marcas, o mejor dicho parecía reconocer las marcas de ayer, tocando lo que alguna vez había tocado, apoderándose, sin saberlo, de lo que alguna vez le perteneció pero que el jamás estuvo enterado. Nunca fui suya, sin embargo... si que lo era, con toda la fuerza de mi corazón... misma fuerza que no había disminuido en lo absoluto.

A partir de ese momento le dejé hacer y hablar, reconociendo su alma, que ahora estaba más expuesta, que incluso parecía ser obedecida por las estrellas que formaban su constelación. Debía dejarle por su bien... debería dejarle por mi bien... porque aún no le hería y porque no podría con la culpa una segunda ocasión.. un mortal me daba la opción, una opción que siempre sería mía pero que, al ser mi corazón suyo.... esa opción le pertenecía.

Entreabrí los labios sin embargo de ellos no mano palabra alguna. No podría decirle quien era, mi verdadero nombre, pero... la dulzura y nostálgica tristeza que tuvo su voz lograban hacer mella en mi, no por compasión, si no por necesidad de verle una vez más, sentirle y esperar que el destino fuese quien nos diera una oportunidad, para enmendar los daños.

-yo..- logré musitar antes de que su índice acallara mis labios. no lo había tenido en cuenta, pero nuestra cercanía nos daba la confidencialidad de dos amantes, que al menos de mi parte si lo era. si ese momento fuese eterno sería magnifico. ver a sus ojos sentirle y saber que solo buscaba mi nombre más cosas de las que el pudiese estar consiente. marcaría un final o un principio y los dioses también deseábamos con intensidad. Yo le desee a el. mi nombre no lo tendría, pero si tendría algo más, algo egoísta de mi parte, pero algo que anhelé desde el día que el regreso a mi vida.

Con elegancia me acerqué a el, bajando levemente la mirada en cuanto sentí nuestros rostros lo suficientemente cercanos. -no puedo olvidar- le confesé tan cercana que de momento, me importaría muy poco que el mismo Zeus me viese, o que Apolo lo hiciere, el tono de mis palabras era dulce, anhelante... era el tono que al menos no había escuchado de mi, porque ese tono de voz solo le perteneciera a el, a Orión. -y no pretendo volver a evaluarte, no pretendo muchas cosas esta noche... me hiciste una pregunta sobre lo que veía en una escultura- por supuesto, me refería a Rodín... a continuación, mi corazón parecía alzar en vuelo, a sabiendas de lo que estaba por concretar, no había dudas en mi proceder porque lo deseaba más que nada, aún así eso no involucraba no estremecerme ante mis deseos -intentaré explicarme... - mi cuerpo, finalmente había tocado el suyo y la corriente que sentí era tan fuerte que, no podría imaginar que el no sintiera al menos una parcela de lo que yo experimentaba. mi cuerpo... pareció temblar al momento en que vi esos ojos.. sus ojos... -esto es lo mi interpretación de la obra-

El rumbo cambio de dirección, yendo a su dirección. Con lentitud volví a tocar esos labios con los míos, no con arrebato, si no con la delicadeza que podía prodigar la eternidad. Esta no era yo... esta no era la diosa Artemisa... si no la mujer que parecía llevar una eternidad amándole y que al poder concretar uno de sus sueños al besarle, se estremecía. Con suavidad acaricie sus labios, adorando cada surco, cada valle y cada monte. Un beso pequeño, una ligera prueba de que necesitaba más de ellos. Sin alejarme demasiado de esos labios que apenas había probado, mi diestra acaricio con suavidad su cuello mientras concretaba una segunda caricia a esos labios calientes, tiernos y que me respondían. Por besarle.... que no haría yo por besarle en esos momentos, en condesarle no solo atracción si no amor sin necesidad de palabras. Aquella diestra que acariciaba su cuello resbalo para delinear su fuerte mandíbula hasta llegar a su barbilla y abandonarle a la par que mis labios volvieran a hacerlo. No quise abrir los ojos.. no quise comprobar el momento, pero un suspiro anhelante se hizo presente y supe que no podría parar en ese instante. esta vez mi cuerpo hizo el resto, y le sentí de lleno, su pecho fuerte, sus manos haciendo lo que el quisiera mientras yo me afianzaba de sus hombros para después atrapar su cuello. Le besé por tercera ocasión, adorándolo con más deseo, encontrándolo a cada segundo más perfecto.. el nerviosismo se había disipado para convertirse en energía. mis labios se entreabrieron para atrapar su labio inferior, mismo que me dediqué a degustar lentamente, deliciosamente. el me respondió de lleno y aún en esos labios suspiré llena de emoción al sentir como el de alguna manera pedía permiso para hacer ese beso algo más que un anhelo... yo deseaba exactamente lo mismo. Ese beso etéreo ahora tenía pasión, un reencuentro más que esperado, uno que necesitaba tanto....

Si había de parar... ese era el momento.

Yo fui la que me separé de el, sonrojada seguramente, porque en ese momento, había dejado mi carácter de Diosa y por ende traicionado algunos de mis canones más antiguos... y merecía la pena, totalmente. -no es toda la interpretación... las posibilidades son inmensas- y el... el me veía como si me amase, aún sin conocerme... no entendía como podría ser posible, pero, por un instante pude ver esa chispa de reconocimiento de su parte. El aviso perfecto sobre que debería salir de ahí.

-debo irme....- y su replica no se hizo esperar. Negué con la cabeza, recordando que había un mundo además de nosotros y con suavidad enuncie -Buenas noches, Orion- Orion.... tenía el pretexto para decirle así. Imposible y burla titánica posiblemente pero el ... incluso tenía su nombre... esto era destino.

con gracilidad me deshice de su agarre determinada a salir de ahí. Cuanto antes. Sin mi nombre... sin mi nombre el lo tomaría como un recuerdo a lo más... y seguiría a salvo.
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Re: Tras Horas de la Inauguración

Mensaje por Maximilliam O. Whitefield el Jue Mar 08, 2012 6:59 pm

Olvidar se asemejaba a una palabra demasiado grande, ¿A que me refería exactamente? Pues el simple hecho de poder olvidarla a ella provocaba cierto temor interno, mas como una amenaza adyacente sin explicación alguna, o no por lo menos algo verdaderamente conciso. ¿Cómo pudiera sentir sus labios nuevamente? Los métodos, incluso las artimañas daban fin a mis palabras serias, su única respuesta fue acercarse lentamente a mi una vez mas y recitar el no poder olvidar con facilidad… no pretendiendo evaluarme, no pretendiendo otras cosas y por supuesto Rodín fue nuevamente su excusa, tal vez lo seria por un buen tiempo ¿Pero que mas daba? Incluso si aquello fuese la única conversación en común, lo aceptaría, lo recibiría sin ninguna queja, solo con el fin de escuchar su melódica voz.

¿Cuánto tiempo pasábamos la gente buscando la estabilidad, el concilio de nuestra mente? Yo había pretendido ignorar todo aquello, saltarme las realidades de una vida y mantenerme como alguien verdaderamente correcto, incluso altivo ante decisiones, con cierta frialdad en corazón propuesto a selecciones meramente profesionales, sin ningún tiempo de sentimiento. Este era mi castigo, la vida misma, el destino me recordaba que se nacía y se moría para pagar todo aquí mismo en la tierra. Era como cierta verdad profética, oculto tras sentimientos inexplicables y hasta indecorosos de voluntad. Ella, ella era la culpable, la única causa en la que podía recarga la culpa, era la única que podría retenerme de cierta forma, aunque no lo admitiría, ella podría hacer lo que fuese conmigo siempre y cuando mi orgullo se lo permitiera.

Sus ojos no dejaban de observarme, su cuerpo se abalanzo contra el mio y sus labios nuevamente tocaron los míos, tanto como lo deseaba. Su calidez, sus sinceridad, ya no sabría en que pensar, solo sentir aquel preciso momento que internamente deseaba con tanto anhelo. Su atrevimiento, su repentina acción aun mas su decisión, era como estar perdido en un laberinto, tal vez nunca había sonado tan cursi en mi mente, tal vez nunca pensé que por ella pasaran tales palabras dedicadas en un sutil beso. Y no lo negaba, había logrado estremecerme de momento, incluso aunque fuese tan solo por un segundo en que despegara sus labios y su mano recorriera mi cuello, había sentido que cada palabra, cada segundo había valido la pena; y de nuevo, sus labios tocaron los míos, como no querer parar por dicha situación, ella lo deseaba tanto como yo y aun renegando todo aquello, sus palabras y sus gestos parecían resbalar ante ella, y yo… yo me daba el lujo de ignorar, ignorar su decisión y disfrutar de cada segundo en el que deseara que fuese eterno.

Pude abrir mis parpados a tiempo, solo cuando ella había parado y observarla sin siquiera dedicarme una mirada, alegando desear mas, aquello no podía terminar así, no debía de terminar así, entonces fue cuando mis manos se posaron detrás de su cintura, y esta vez fui yo quien le arrebate el derecho de expresarse verbalmente, fui el merecedor de la oportunidad de robas sus suspiros nuevamente, en un besos mas picante, mas pasional, con el mismo grado de deseo y con las misma alegoría de eternidad. No paraba, y no deseaba que lo hiciera, sus labios aprisionaban los míos y de momento, podría hacer lo mismo con los suyos, disfrutando de su delicioso sabor, de mi infinita satisfacción. Sus manos se posaban en mi pecho y las mías ejercían presión de su cuerpo contra el mio, como queriendo hacer pertenecer su cuerpo para mi, como deseo simplista, encarnizado por su piel.

Los segundos pasarían, pues el pasar del tiempo no podría controlarlo nadie, no fue ella si no la que le dio fin a tan exclamada demostración, alegando con palabras ciertos sentimientos, inquiriendo sobre reproches y posibilidades -Si no son todas las interpretaciones, prefiero que esta sea la mas aceptable- y entonces sonreí, sonreí plácidamente. Una sonrisa verdaderamente gustosa, en perfecta simetría con mi mirada ¿Qué tenia esa mujer? En ese momento, sentía como si todo estuviese en orden, como si no hubiera mas preocupaciones que el solo existir para ella; era una mirada extraña a la cual incluso yo dudaría, como si la conociese toda la vida, como si sonriera con cierta satisfacción del pasado.

Entonces sus palabras acabarían con el momento -¿Por qué?- respondí ante sus objeciones -Quédate…- insistí, cosa que le haría negar con su cabeza, soltándose de mis brazos y dando pasos hacia atrás mientras con un grácil movimiento daba vuelta y salía con prisa -¡Espera!- exclame, dejándola partir por tan solo un segundo -A que le temes…- susurre, solo siguiendo su estela con mi vista. Emprendí camino detrás de ella, no podía dejarla en paz, era como una ligera necesidad. Se escabullo entre la gente, pero incluso yo podía seguirla y tras los segundos, atravesó las grandes puertas del lugar, rodeada de los flash de las cámaras mientras yo detenía mis pasos antes de salir de la fiesta. Otra vez… otra vez me había quedado sin su sutil nombre… y tal vez fuese así, pero esa noche contaba con la suerte de Orión -Idiota, ¿Es que acaso no ves?- pronuncio aquel hombre, el cual me haría voltear la mirada y captar su atención mientras este le reclamaba a su amigo -La señorita Hayes ha salido con prisa, ve por su coche…- comento el mal humorado hombre mientras el otro salía con prisa a captar ordenes.

Fue entonces cuando mi sonrisa no pudo desdibujarse esa noche -Hayes…- pronunciaba con deseo, recordado cada momento en que sus labios rozaban con los míos. Su apellido solo daría el inicio de la búsqueda de su nombre y la universidad misma, revelaría su expediente y la extraña alegoría de un brutal obsesionado. Sencilla, implacable… inalcanzable, su ámbito formaba ciertamente la de una diosa, ni siquiera comparable con Afrodita, ella… ella seria Artemisa, protegiendo su integridad, apuñalando a su invariable hecho, traicionada por su indulgente acto. Infeliz por su abandono, mi mente no dejaba cavidad para otro pensamiento, sumergido entre risueños gestos susurrando -Artemisa… te he encontrado-
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